Odiar me gusta

“Odiar a los vecinos en el ascensor,

a todos los que salen por televisión,

a todo el mundo que no piense como yo.

Odiar me gusta, por eso te odio yo.”

Esta canción, del grupo valenciano “Los Zigarros” (que recomiendo escuchar a todo aquel amante del rock’n’roll), describe un fenómeno que ha estructurado nuestro país desde tiempos inmemoriales: el odio.

El odio ha marcado la historia de España tanto que me atrevería a decir que, tras el golpe de quijada a su hermano Abel, Caín no viajó hasta la Tierra de Nod, sino que se instaló en algún lugar entre Ferrol y Cartagena, esparciendo la cultura de la inquina por doquier.

Ya sea al vecino, al maestro, a un compañero de clase, al dueño del negocio competencia, al alcalde… en España siempre se ha odiado, muchas veces sin una razón clara. Es uno de los sentimientos más guturales de nuestra civilización. Pero hace años, eso se quedaba ahí. La gente odiaba a su alrededor, acumulaba ese odio, a veces lo sacaba a la luz… pero no se veían molestas más que las personas cercanas al odiador.

Esto ha cambiado con la ebullición de las nuevas tecnologías y el triunfo de las redes sociales. Quien antes odiaba tranquilamente desde su sofá o desde la barra de su bar, de repente se ha encontrado con un altavoz que le permite dispersar su odio cual aspersor. Y entonces el odiador, se convirtió en hater.

Escapar de estos haters no es fácil, pero con huir de las redes sociales (o utilizar el botón de bloquear que amablemente nos dejaron Evan Williams y Biz Stone) podrían dejar de perturbar nuestras respectivas existencias. El problema viene cuando ese odio rebosa de la red y llega a la esfera pública.

Actualmente, y repasando el último debate de investidura lo podemos comprobar, muchos han hecho del odio su profesión. Viendo las intervenciones y exabruptos de los Iglesias, Garzón, Rufián, Matute… etc. comprobamos que si hay algo que une en este mundo, mucho más que aficiones comunes o vivencias conjuntas, es odiar lo mismo.

¿Y cuál es el sujeto de ese odio? Si preguntas en algún círculo de Podemos (si tienen tiempo de contestarte y no se están matando entre “errejonistas” y “pablistas”) te dirán que la corrupción y aquellos que perjudican con sus políticas a la mayoría social. Esta respuesta se aprende en el primer módulo del máster de políticas de Iglesias y cía. en la Complutense. Incluso podrán ser más generalistas y te dirán “a las derechas”. Pero, ¿es esto verdad?

Viendo a Rufián haciendo campaña junto Artur Mas en Cataluña, los intentos de gobierno alternativo que incluyan a los antiguos convergentes que ha impulsado Podemos… parece que esa respuesta carece de validez. La derecha reaccionaria de CIU, y su mastodóntica corrupción, sedes embargadas, antiguos líderes en los banquillos… no les molesta. Al revés, parece que se sienten muy cómodos junto a ellos.

No. No odian a la derecha. No odian la corrupción. El odio que une a Iglesias con Rufián y Matute, a los que aplaude y da palmaditas de ánimo, es el odio a España, y a todo lo que la pueda representar. Por eso se llevan tan bien con aquellos que, pese a ser derecha corrupta, quieren romperla.

Hablaban en Podemos de la gran coalición, de “triple alianza”, refiriéndose a la posible comparsa entre PP, C’s Y PSOE. Pero viendo las posiciones de C’s Y PSOE, no creo que se lo vayan a poner fácil a Mariano. Lo que si ya hemos empezado a ver es a la GCO (Gran Coalición del Odio) en todo su esplendor. Se van a dedicar a turnarse entre ellos para, mientras uno vomita bilis sobre el resto del parlamento, el resto le vitorean y le aplauden.

Podemos, Bildu, IU, Esquerra… son el mismo perro con distinto collar. Se diferencian en nimiedades, pero tienen como base principal algo en común: su odio hacia todos aquellos que no pensamos como ellos.


Foto: K-Screen Shots

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