Otra vez

Mural en recuerdo de los atentados a Charlie Hebdo.

Otra vez. Otra vez el terror, otra vez los llantos, otra vez la injusticia… Y otra vez en Francia, otra vez en el corazón de Europa.

Anoche Niza sufrió un brutal ataque terrorista que, si bien nadie ha reivindicado aún, apunta de nuevo a radicales islamistas. Y no ha podido ser más cruel. Francia se encontraba celebrando su fiesta nacional, el día en el que la “Liberté, Égalité y Fraternité”  se abanderan más que ningún otro, cuando un camión, en un recorrido de unos dos kilómetros, se ha llevado por delante la vida de casi un centenar de personas (entre ellos varios niños), y ha dejado una cantidad similar de heridos, varios críticos.

En estos momentos las ideas y los pensamientos relacionados con el horrible acto se acumulan en la cabeza, ya que las dimensiones de la situación son colosales. Algunas de esas reflexiones desordenadas:

  • Estado de excepción: Francia acababa de anunciar que a finales de este mes acabaría el estado de excepción en el que se veía inmersa desde los atentados del 13N en París. Aún con la alarma encendida y las fuerzas de seguridad más alerta que nunca, el atentado se ha podido realizar. Se demuestra que fueron medidas más enfocadas a tranquilizar a la población que efectivas per se.
  • Ciudadano francés: Según las primeras noticias, el desalmado que ha llevado a cabo la barbarie era un ciudadano francés de origen tunecino. De nuevo el germen del conflicto se encontraba dentro de los propios muros de occidente. Mucho se ha intentado estigmatizar a los refugiados de Siria con la bandera del terror, pero se vuelve a demostrar que el problema es mucho más complejo, y que ya está implantado en Europa, no dependiendo de quién viene de fuera.
  • Atropello: Esta vez el atentado se ha realizado mediante el atropello indiscriminado con un camión de dimensiones considerables. Anoche ni armas (aunque varias se encontraban en el interior del vehículo), ni explosivos fueron utilizados. Los asesinos se reinventan, y ponen en jaque de nuevo a las fuerzas de seguridad. El espectro a controlar por éstas cada vez es más amplio. Seguir el rastro de unos explosivos es más fácil que evitar que alguien robe un camión y haga lo de ayer.
  • Bombardeo: El presidente Hollande ha indicado tras el incidente que Francia intensificará sus bombardeos sobre Irak y Siria. A todas luces es una medida de cara a la galería y el propio pueblo francés, que cada vez que es atacado ve con mejores ojos el radicalismo y populismo de la derecha de Le Pen.
  • Postureo: Las redes sociales se vuelven a dividir en dos ante lo de ayer. Están los que se pondrán la banderita de Francia en sus perfiles, haciéndose los dolientes, pero dejándose llevar por el “postureo” del momento, y están los “haters” de estos, que saldrán indignados porque todos los días hay atentados en oriente medio y no nos “afligimos” tanto.

En este último punto quisiera divagar un poco más. Es totalmente cierto que, si bien cada vez se da más visibilidad a nivel nacional, el clamor popular suele pasar de puntillas por atentados como el de Bagdad del martes pasado, mientras que plañen públicamente cuando pasa en Europa. Y esto lo esgrimen muchos a la hora de criticar la “hipocresía” de occidente. Pero es algo totalmente lógico que esto suceda. No sólo porque siempre impacta más si hay un asesinato en un pueblo vecino que en la otra punta de España, por pura proximidad, sino porque, cuando atacan Niza, no están atacando Francia, están atacando Europa, nuestra cultura común y nuestras libertades. Evidentemente cualquier muerte pesa por igual, y cualquier persona tiene la misma importancia que otra, pero si bien un atentado en Bagdad, es un intento de desestabilizar una zona en pleno conflicto desde que la historia pasa por allí, el atropello de un centenar de personas en plena Europa es el atropello a nuestra civilización, a nuestra cultura y nuestras libertades, por parte de un grupo que dice representar al Islam pero que ni por asomo lo hace, y que no sólo no comparte esa civilización, cultura ni libertad, sino que quiere acabar con ellas.

Ante todo esto, lo que siempre creemos desde Vlad que se debe de hacer. No ceder ante el miedo y el populismo, cerrándonos al exterior, más Europa, más política común, mejores servicios de seguridad a nivel europeo y no sólo solidarizarnos con ellos y vigilar nuestro redil, sino darnos cuenta de que es un problema común que debemos solventar en común.

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