¿Para qué compartir pudiendo pagar al Estado?

El mundo avanza a un ritmo vertiginoso. Se desarrollan todo tipo de innovaciones a cada momento, pero es en el sector de Internet y las aplicaciones móviles donde este fenómeno parece ser más evidente. Y es que este año Internet ha llegado al 50% de la población mundial y concretamente, en nuestro país, al 82% de los españoles.

Nuevos modelos de negocio tratan de desplazar a otros más anticuados e ineficientes gracias a las ventajas que ofrecen estas novedades. Entre otras de sus virtudes están hacer más barato y más accesible gran cantidad de productos y servicios al ciudadano de a pie. Tenemos ejemplos como Netflix, la cual desplazó a Blockbuster en el sector audiovisual, y Spotify en la industria musical. Por desgracia aquellos que salen perjudicados por este proceso tratan de oponer resistencia. Tenemos dos grandes casos en nuestro país.

El primero es Uber, plataforma que permite al usuario solicitar con gran facilidad un taxi, ahorrando entre un 20 y un 40%. Además, cualquier persona puede conducir para Uber consiguiendo de esta manera algunos ingresos. Esta app ha levantado ampollas en el sector del taxi. Sus sindicatos alegan competencia desleal. El problema real es que antaño pagaron una licencia a cambio de que la administración limitase la competencia con un cupo. Por lo tanto, sus nobles protestas no son más que un intento de conservar sus privilegios. Humildemente considero que el problema lo tienen con el Estado, el cual debería desregular el sector y devolverles el importe de la licencia.

Otro caso es el de Airbnb, la plataforma de alquiler entre particulares. El último año acogió a 5,4 millones de turistas en España. En este caso, el sector hotelero es el perjudicado. Nuevamente alegan competencia desleal y piden su regulación.

Todos estos casos se resumen en empresas tradicionales que temen la competencia y piden al Estado que actúe defendiendo así sus propios intereses. El Estado se beneficia de estas empresas con impuestos. No hace falta decir que estos abusos son un lastre para todas las compañías al hacerlas menos competitivas. La solución: lastrar o directamente prohibir estas nuevas empresas. En resumidas cuentas, igualar la competición a la baja ¿Los perjudicados? Los clientes, por supuesto. El debate está servido.


Álvaro Pascual: Secretario general de la Asociación de Jóvenes Emprendedores de Valladolid (AJE). Apasionado del emprendimiento y de los mercados financieros. Luck is an attitude.

Foto: angelo Yap

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