Parásitos, dice.

Dice García Domínguez que “Suprimir el impuesto de sucesiones es favorecer que exista y se eternice una aristocracia de parásitos premiados por la lotería genética.” Y como no he leído gilipollez mayor en mucho tiempo, no quería perder la oportunidad de comentarlo.

Suprimir el Impuesto de Sucesiones es, en todo caso, hacer justicia dado su componente abusivo y, en algunas comunidades autónomas, hasta confiscatorio. Sólo para dejar clara una obviedad y que no se le pase por alto a nadie: el patrimonio que cualquier persona pueda recibir en herencia ya se gravó en el momento de la compraventa con el IVA y se ha ido gravando de forma anual con el IBI. En otras palabras, el gobierno recaudador ya ha desangrado al propietario con regularidad y seguirá desangrando al siguiente propietario con la misma asiduidad.

Dicho esto, el hecho de pensar en mansiones, chalets con piscina y palacios aristócratas cuando se habla de “patrimonio” es un completo error, ya que una plaza de garaje es un bien patrimonial, como lo son un almacén, un local, un huerto o un terreno. Como también es un error asumir que alguien de recursos limitados sea incapaz de trabajar duro, ahorrar y comprarse un bien patrimonial (por modesto que sea; al contado o financiado). En realidad, esto último no es un error, es un insulto.

En cualquier caso, admito que me encanta que García Domínguez hable de “parásitos” e “impuestos” en una misma oración, pues la conexión es rectilínea. Claramente, él y yo diferimos en la atribución del calificativo al sujeto; yo considero que el parásito es el recaudador.

Foto: Vivien Rolfe

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