¿Patriotismo o nacionalismo?

Mucho se ha dirimido entre los conceptos de patriotismo y nacionalismo estos últimos tiempos. Más aún desde el último arranque de los “populistas nacionalistas” en Europa como los denominaba el otro día Tajani en la ceremonia de los premios Princesa de Asturias.

Quizás la definición y diferenciación más extendida es la atribuida a Charles de Gaulle: “Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás pueblos es lo primero”. Sin desmerecer a Monsieur Le Président, me parece que esta definición, aunque acertada, no explica el origen, sino la consecuencia de los diferentes términos y posicionamientos.

Hace unas semanas, mientras leía una soporífera discusión en Facebook, quizás por advenimiento divino o por el propio sueño, lo vi claro. La principal diferencia entre patriotismo y nacionalismo es la racionalidad.

El patriotismo es un posicionamiento en pro de un lugar afín o de origen en base a aspectos tangibles, a hechos y valores. Sin embargo, el nacionalismo es un posicionamiento basado meramente en sentimientos. Estos sentimientos pueden llegar a tener un origen racional, pero no se limitan a la exposición de los hechos, sino al sentimiento de orgullo y superioridad desprendidos de ellos. Así pues, del sentimiento nacionalista surge de inmediato el supremacismo, la xenofobia. Sin embargo, del sentimiento patriota nacen la superación y el compromiso.

Un claro ejemplo puede ser el aspecto económico positivo de X región. Un punto de vista patriótico pondrá en valor esos éxitos y se comprometerá en su continuidad, en su mejora y expansión. Un punto de vista nacionalista extraerá el orgullo y la superioridad respecto a otras regiones que le escudan esos datos económicos y lo utilizará para confrontarse al resto.

Decía un amigo en facebook “Los sentimientos no necesitan basarse en datos, punto”. Bien, cuando los sentimientos no se apoyan en datos, son irracionales y por tanto más cercanos a la obsesión y al fanatismo que a la realidad.  Es por ello, que debido a la irracionalidad que compromete el nacionalismo, surge ese odio por los demás pueblos del que hablaba Charles de Gaulle, mientras que de la racionalidad del patriotismo, surge el amor por el propio.

En esta época en las que la irracionalidad cada vez se encuentra más cómoda escondida entre stories, hashtags y zascas, no nos vendría mal recuperar aquello que unos compatriotas llaman el seny, el sentido común y terminar de una vez por todas con los nacionalismos supremacistas y xenófobos que en el seno de una sociedad avanzada como Europa creíamos afortunadamente aniquilados.

Llevamos 60 años de concordia, no olvidemos que como dijo George Orwell el nacionalismo es “el peor enemigo de la paz”. Recuperemos la paz.

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