Pero, ¿Por qué no se calla?

Pues porque vende. Porque vende y porque en el imaginario europeo todo sigue unas normas de coherencia occidental, que nos hacen caer en la trampa del inmovilismo. Dicho vulgarmente, porque no hay huevos a mandarle callar.

Latinoamérica no es Iberoamérica y esto es algo que los sucesivos gobiernos españoles parecen no haber querido comprender. He vivido más de tres años en México y aunque las diferencias con Venezuela son obvias, las bases psicosociales se asemejan bastante más entre sí que con las europeas. Lo que ahora se ha popularizado como “populismo”, no es en realidad otra cosa que una demagogia verborréica. Y no es nada nuevo en latinoamérica.

La moda peronista de los discursos de masas es intrínseca a la política de todo el continente americano. Donde nosotros, los europeos, vemos una pérdida de identidad y del valor del individuo, ellos, los americanos, ven una demostración de poder y unidad. El ellos-nosotros, no es obviamente un ente inamovible. Como por ejemplo está demostrando Podemos, hay sectores en ambos lados del Atlántico que se apropian de estos teoremas. Sin embargo, educacionalmente el desarrollo es en este sentido.

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En Europa crecemos, o al menos solíamos hacerlo, educados en los valores clásicos del humanismo y el antropocentrismo. En América, los valores son en torno al desarrollo de mercado y la unidad social. Esto es común, ya sea Estados Unidos o Venezuela, pese a que el desarrollo de mercado o unidad social varían drásticamente entre ambos países.

Esta semana en España han resonado demasiado poco las declaraciones del líder venezolano. “¡Ya basta, Corte de España abusadora, élite corrupta!”, “Que lo sepan, racistas de España, racistas de la élite corrupta”. Además de anunciar “medidas exhaustivas” contra nuestro país.
La respuesta del gobierno español ha sido convocar al embajador venezolano y calificar de intolerables las declaraciones. Una respuesta comprensible para un país vecino y hermano, pero que en mi opinión peca de buenismo y absurdez cuando hablamos de un régimen latinoamericano que ha reiterado su desprecio hacia nuestra democracia.

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Y he ahí, donde entra el problema de concepción cultural. Nuestros líderes creen que las bases psicosociales venezolanas son las mismas que las francesas. Pero no lo son. La demagogia populista y el lenguaje insultante de estos regímenes no puede tratarse con guante de seda, porque caemos en el más absoluto ridículo y en la ineficacia.

España tiene que dar de una vez un golpe sobre la mesa y ordenar respeto.
Nuestro país debe comenzar por desarrollar una política nacional de migración de las inversiones a corto, medio y largo plazo a países vecinos, con una retirada del mercado venezolano que no nos haga dependientes en ningún aspecto de este. España tiene que liderar las acciones contra el gobierno venezolano y tiene que hacerlo de modo público y ahora, emulando las misiones diplomáticas estadounidenses. Tenemos a la alianza del Pacífico, así como a Estados Unidos como fuerzas en la región. Tenemos además la oportunidad de posicionarnos de este modo en el mapa internacional como fuerza diplomática, incluso reflejando beneficios económicos y en la inversión.

Pero sobre todo, tenemos que hacerlo ahora, antes de las elecciones. Antes de que la partición del congreso lo haga imposible.

alianza

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