PESCO, más que siglas

Cada día que pasa es más evidente que Trump ha sido una bendición para la Unión Europea, aunque la UE no lo aproveche todo lo que debería. El vacío internacional que está dejando Estados Unidos será, sin duda, ocupado por otros actores predominantes, y ¿por qué no puede ser la UE en su conjunto, una vez pasados los envites internos más importantes, uno de ellos? De este vacío internacional, se derivan cuestiones como el riesgo a una menor seguridad en las fronteras europeas, ante el repliegue exterior estadounidense. Las críticas a Trump por su más que evidente papel preponderante en la Alianza Atlántica no están infundadas, la UE hace tiempo que subcontrató su defensa a su aliado norteamericano. Dentro de la UE, todo aquello que tuviera que ver con temas de aumento de presupuestos de defensa desprendía un tufillo que chocaba de lleno con nuestro ideal progre de soft power. La realpolitik se ha dejado siempre para los mayores. Eso explica que todo avance en materia de PCSD (eso que tiene siglas de droga sintética) haya ocupado un pequeño espacio dentro del debate público. Pero seamos serios, con el welfare state: ni se intimida ni se disuade. Por eso con la salida del principal obstáculo interno en la mayoría de ocasiones: Reino Unido; más el cambio de parecer de Francia tras los ataques terroristas; y la llegada de Trump, que ha puesto a todos de acuerdo, la PCSD se ha reforzado con más siglas: la PESCO, o Cooperación Estructurada Permanente, sin activar desde el Tratado de Lisboa.

Los medios de comunicación más tradicionales lo han recibido como el embrión de “la Europa de la Defensa”, no obstante es el eslabón más básico de una verdadera estructura defensiva y debe seguir desarrollándose. Debemos recordar que, durante 2017, no sólo la activación de la PESCO tuvo lugar, aunque ésta se haya llevado todos los focos. En marzo se creó una primera estructura permanente en Bruselas con el objetivo de coordinar las misiones no ejecutivas – aquellas que no implican uso de la fuerza, entre otras características, como las de entrenamiento y asesoramiento -, que son tres en la actualidad: Somalia, Malí y República Centroafricana. Sin embargo, para avanzar en la buena dirección es necesario mucho más. En la actualidad, además de esas tres misiones no ejecutivas, la UE mantiene otras 13 ejecutivas que requieren de un Operational Headquarter del que la UE carece. Para ello, algunos Estados miembro ponen a disposición de la UE los suyos: Francia, Reino Unido (actualmente conduciendo la Operación Atalanta), Italia (actualmente conduciendo la EUNAVFOR Sophia) y Grecia. También existe la posibilidad de que la UE se apoye en estructuras de la OTAN con los acuerdos de Berlin+ (Operación ALTHEA). Es por ello que uno de los siguientes pasos que deben darse dentro de la PCSD es el de la creación de un Cuartel General de la UE con todas sus capacidades, para no depender de las propuestas de los Estados miembro.

Si bajamos del nivel operacional al nivel táctico, debemos recordar que hace años ya se creó el Eurocuerpo (que puede actuar en el marco UE u OTAN), del cual España es uno de los cinco miembros permanentes, y puede aportar sus capacidades de mando y control; o los Battlegroups de la Unión Europea, de menor entidad y, evidentemente, menor nivel de ambición.

Con la PESCO, más allá de que no sea más que una base desde la que empezar a construir un Ejército Europeo, sí que se alcanzan objetivos importantes. Los principales tienen que ver con marcar unos objetivos conjuntos allí donde se planteen los riesgos más evidentes y cercanos, principalmente dos: el flanco sur, con el Mediterráneo y el Sahel; y el flanco este, en la frontera de los países bálticos y del Este, además del Mar Negro. No son estos los únicos objetivos, también lo son todos aquellos que tienen que ver con la unificación de armamento, proyectos de investigación y desarrollo, y todo lo que entra dentro de la industria militar cuyos proyectos conjuntos, aunque existentes, antes dependían de la voluntad nacional en mayor medida. Por último: el tema estrella, ese por el que los gobiernos pasan siempre de puntillas por la poca acogida que tiene en la opinión pública (más si cabe durante un contexto de crisis); se trata del aumento del presupuesto de defensa. A todos se les llena la boca con el 2% del PIB pactado por los países OTAN en la Cumbre de Gales de 2014, pero prácticamente nadie lo cumple ¿Sabéis qué? La PESCO conlleva una obligatoriedad jurídica de esta subida ¡Boom!

¿Qué perspectivas tiene España en la PESCO?

España, además de ser uno de los impulsores de la PESCO, y pese a ser el que menos porcentaje de PIB aporta al presupuesto de defensa, se encuentra a la vanguardia en cuanto a aportaciones a estas misiones, participando en todas aquellas de carácter militar (Somalia, Malí, República Centroafricana, Senegal, Bosnia Herzegovina, Atalanta y Sophia). De las más de 4000 personas destinadas en estas dieciséis misiones entre civiles y militares, España aporta el 20% del personal total. Se llama: compromiso, algo que trasciende en ocasiones a la partida presupuestaria.

España tiene, por tanto, la oportunidad de estar a la cabeza en el grupo del futuro brazo militar de la UE, algo necesario para el cada vez más realista panorama internacional en el que nos encontramos. Los riesgos son evidentes y la apuesta por empezar a jugar a las relaciones internacionales con todas sus posibilidades, también. Europa se está haciendo mayor y puede empezar a hacer tangible todo el potencial que siempre ha tenido.

Foto: Ministerio de Defensa

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