Pleno al 5 – La banca gana

Lo estamos dando, lo estamos regalandoooo. Llévelo, llévelo. Bueno, bonito y barato por fin de legislatura. Ahora en liquidación.

Cuando el gobierno nos hablaba de la gestión de la administración como una empresa privada, pocos nos imaginábamos que el modelo empresarial iba a ser “el mercadillo”. Pero Ana Botella se ha propuesto no dejar de sorprendernos hasta el último día de legislatura. Tras heredar las arcas del ayuntamiento con un déficit, del gobierno de su propio partido, de en torno a los 8.000 millones de euros. Se propuso que su legado fuera la reducción del mismo y lo está consiguiendo. ¿Cómo? A cualquier coste.

No contenta con haber destrozado los seis edificios del entorno de Canalejas, haber malvendido la peineta, o proyectado los rascacielos del Calderón. Ahora le toca el zarpazo a la zona norte, destrozando cualquier idea de crecimiento urbanístico planteado por el gobierno Gallardón y en concreto por la concejala Pilar Martínez una bastante competente gestora en la materia. Hace un par de meses se daba luz verde a la Operación Chamartín, con la construcción entre otros de 17.000 viviendas, que se unirán al parque de los 263.000 pisos vacíos de la Comunidad. Hoy, el centro de convenciones, con el que se pretendía atraer el turismo de congresos, se transforma de modo fugaz en una torre con un hospital privado e instalaciones a modo de centro comercial en el solar de 33.000m2 tras el 4TBC, es decir, las cuatro torres. El precio de la subasta, 4 millones de euros al año durante 75 años.

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El concepto, que recuerda sospechosamente a una propuesta de Ciudadanos para las próximas elecciones, huele sin embargo más a parche electoralista improvisado que a propuesta coherente y asentada. Por su parte el proyecto de Ciudadanos que pretende instalarse en el enclave de la Operación Chamartín era parte de una idea transversal de ciudad biomédica con espacios de investigación, vivienda adaptada, clínicas, farmacéuticas, etc. El actual consistorio, viendo el atractivo, parece haber sesgado al antojo la propuesta de los “naranjitos” y haber adjudicado la parcela paralizada durante casi una década a un proyecto privado de… tachán, ¡Villar Mir!

Los renders, ese gran aliado de los políticos, nos muestran una plaza abierta en distintas terrazas, al modo AZCA. Después una torre en lo que parece ser tres niveles con bien de plateado y vidrio, combinado con su buen filtro amaro, para que no se nos pierda de la cabeza que esto es algo muy moderno e innovador.

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Llama la atención la infra utilización de los 17,500m2 permitidos por el contrato y la inversión para 75 años tan elevada que supondrá el levantamiento de la torre. Apostaría por que Villar Mir ve ese espacio temporal como poco menos que algo anecdótico, sabiendo de antemano que esto es un adelanto de compra.

El proyecto arquitectónica y urbanísticamente no es malo. O al menos eso parece con la poca información que se ha tenido hasta ahora. Parece aprovechar un hueco entre las torres y redefinir el espacio carente, no romper con la arquitectura vertical de la Castellana y tener un diálogo con otras zonas de la ciudad. Sin embargo, sí es tremendamente irresponsable y sospechoso a nivel político, sobre todo por el momento y modelo de la adjudicación. No olvidemos que el ayuntamiento ha invertido 82,8 millones en la construcción del centro de convenciones que no se realizará y además, está pendiente del pago de 13,4 millones, en litigio con la constructora.

Preocupan y mucho estos palos de ciego y parches continuados. Que además, sin interacción con el ciudadano, no corresponden a un modelo de ciudad si no un momento de ciudad.
No estaría de más plantearse, con humildad y consonancia, el modelo. Antes de finiquitar a 30 días de las elecciones, un espacio que nos corresponde a todos los madrileños.

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