Polonia y la tentación del círculo vicioso

Polonia y Cataluña ya no solo se encuentran unidas por el gentilicio de polacos. Ahora también, por desgracia, lo están por la tentación de los nacionalismos – uno centrípeto y el otro centrifugo – de coquetear con el circulo vicioso que conduce a la destrucción de la democracia y la creación de instituciones extractivas.

En el caso de Polonia veíamos como este verano las plazas de Polonia se llenaban de manifestantes en contra de la reforma judicial del actual partido de gobierno, Ley y Justicia (PiS en sus siglas en polaco). Del Rynek de Wroclaw, pasando por el de Cracovia a las puertas del Palacio Presidencial en Varsovia, los polacos se manifestaron en contra de una ley ratificada por el Congreso y el Senado con la que pretendían poder nombrar y destituir al presidente y los magistrados del Tribunal Supremo sin alegar motivo alguno.

En el caso catalán, hemos visto cómo el gobierno de la Generalidad y la presidenta del parlamento regional, apoyada por el PDeCat y ERC, estrangulaban el reglamento de la institución, se saltaban al Consejo de Garantías Estatutarias (que sus leyes regionales crearon) y pasaba por encima de los funcionarios y de los derechos de la oposición para aprobar dos leyes a todas luces ilegales ¿De verdad se puede pensar en crear una nación soberana y democrática partiendo de esta sucesión de hechos?

La única buena noticia para los demócratas, por el momento, llegó de Varsovia. El Presidente del país utilizó su prerrogativa de veto presidencial. El coqueteo del PiS con lo que James A. Robinson y Daron Acemoglu llaman en su libro ¿Por qué fracasan los países? el circulo vicioso, ha quedado congelado. En el caso catalán no sabemos cómo terminará el atropello a la democracia vivido estos días. Yo solo le diría a un independentista que, si de verdad quieren fundar un Estado independiente y democrático, sobre malos cimientos lo están construyendo. La arbitrariedad y el incumplimiento de la ley sólo son el primer paso para construir dictaduras y sistemas extractivos que llevan al empobrecimiento de sus ciudadanos.

El coqueteo con poder nombrar o destituir jueces o saltarse la ley, los procedimientos y los derechos de la oposición para conseguir fines políticos no son nuevos. En el libro mencionado, los autores nos cuentan como Frankling D. Roosevelt, cuando el tribunal supremo comenzó a echarle atrás algunos puntos de su famoso New Deal por considerarlos inconstitucionales, promovió una reforma que forzara a que todos los jueces del Supremo se jubilaran a los setenta años y que le permitiera nombrar a seis nuevos. Por suerte, ni la ciudadanía vio con buenos ojos esta reforma, ni ambas cámaras del Capitolio con mayoría demócrata. Incluso algún juez cercano a Roosevelt habló en contra de dicha reforma. Peor suerte corrió la Corte Suprema de Argentina en 1943 cuando Perón llegó al poder. Los diputados del Parlamento argentino sí votaron a favor de realizar impeachments (juicios políticos que terminan con la destitución) a cuatro jueces. Casos similares al de Argentina también se dieron en los 90 en el Perú de Fujimori, nuevamente en la Argentina de Menen y la Venezuela de Chávez. Es más, en esta última (y sin pretender acudir al tópico) se han producido hechos muy similares a los del Parlament. Maduro y cia. se han saltado la constitución de 1999 y los procedimientos para conseguir sus fines políticos: sacar urnas y crear una nueva asamblea constituyente ¿Les suena la música?

¿Cuál es el problema de estas leyes que permiten nombrar y destituir a jueces al antojo de los políticos? ¿Y de saltarse la ley y los derechos de la oposición? Según los autores de ¿Por qué fracasan los países?, contribuye a la creación de instituciones extractivas y endogámicas. Por lo tanto, se comienza a generar el efecto contrario al que se produce en los sistemas con instituciones inclusivas. Es lo que denominan el círculo vicioso. El círculo vicioso consecuencia de la falta de contrapesos hace que, en el corto plazo, cuando un partido llegue al poder vea muy pocos costes en arrinconar y eliminar todo poder político a la oposición.  No ocurre igual en los sistemas con contrapesos en los que los costes de arrinconar a la oposición son mayores que los de dejarles actuar a través de los tribunales, la prensa o cualquier otra institución.

Si no queremos comenzar a tener naciones fracasadas en Europa, si no queremos que un territorio de España viva despojado de su otra mitad y bajo la tiranía. Si queremos que la prosperidad y la libertad sigan siendo la bandera de nuestro selecto club. Los demócratas no podemos consentir la forma de actuar de los nacionalismos polaco y catalán. Sería el primer paso para convertirnos en los países que se describen en el libro mencionado.

Una pena que Juncker haya lanzado advertencias en su discurso sobre el Estado de la Unión a los diputados del PiS y no a los del PDeCat o ERC.


Alejandro Ruiz Paris: Graduado en Derecho y Ciencias Políticas y estudiante del Máster de “Asuntos Internacionales: Economía, Política y Derecho” en ICADE. Actualmente, trabajo en asuntos europeos relacionados con la industria y la innovación. Me gusta mirar el mundo con gafas liberales.

Foto: Phil Roeder

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