¿Qué es un “buenista”, Elvira?

  • El buenista tiene poco que ver con un positivista proactivo y mucho más con un nihilista dopado de maría

  • Pensar que el Islam es una religión de paz y que el catolicismo lo es de asesinato y dolor, también es de buenistas

  • El primer ejemplo de buenista contemporáneo en España fuera el Zapatero negacionista de la crisis

No sé que tiene Elvira Lindo, que por más que esté en desacuerdo con muchos de sus puntos de vista, nunca lo estoy con su modo de expresarlos. Reflexionabas, Elvira, este fin de semana en El País sobre los que usamos la palabra buenista y a quién denominamos como tal. Bien, heme aquí.

Pareciera en tu relato que los que criticamos el buenismo fuéramos un cruce entre Clint Eastwood y Mussolini, inyectado en testosterona a punto de apretar el botón rojo. Poco tiene que ver esto con la realidad. Muchos de los que criticamos el buenismo somos los mismos que día a día nos dejamos los pocos ratos libres para colaborar con asociaciones, partidos y ONGs buscando una solución real a aquello que el buenista – el que de verdad denominamos así – piensa que vendrá sola por el mito del buen salvaje, que propagaba Rousseau.

Porque el buenista tiene poco que ver con un positivista proactivo y mucho más con un nihilista dopado de maría. El buenista no es el abrazaárboles de la época Reagan, es el que se traga los bulos de Internet o los vídeos de playground, plagados de ese término de postverdad, que no es otra cosa que mentira. Pensar que los gorilas mueren por comerte un bollycao con aceite de palma en lugar de por las mafias y explotaciones no controladas, es de buenistas y sí, pensar que el Islam es una religión de paz y que el catolicismo lo es de asesinato y dolor, también es de buenistas. Porque bebe mucho más de la endofobia que de la bondad este buenista, de la comodidad de lo próximo que de la raíz de los problemas.

Es precisamente el buenista y no los que les afeamos la conducta, el que permite que Trump, Le Pen o May estén dónde están, con su inactividad. Negar un problema no lo elimina, quizás el primer ejemplo de buenista contemporáneo en España fuera el Zapatero negacionista de la crisis, paralizado por el terror de los hechos reales y que prefirió abstraerse en los likes y las sonrisas, dando lugar al descalabro que es hoy el PSOE y al gobierno de Rajoy. No, no somos el resto los que alzamos a figuras como Trump, lo hace la falta de respuesta del resto del espectro político. No sé si el buenista lo es a tiempo parcial o completo; en cualquier caso, si las respuestas, aunque bondadosas, fueran contundentes, otro gallo cantaría.

El buenismo no es de todos modos una característica intrínseca a España y menos a la izquierda, es global y transversal en el espectro político. El buenismo es global como lo es Internet por dónde se propaga, a base de respuestas simples a problemas complejos. A hacer de las anécdotas un todo. A pensar que la gacela convivirá con el león porque él vio en un vídeo de 10 segundos que la abrazaba, que los seres humanos somos una plaga malvada o que el respeto al colectivo gay en los países árabes es cuestión de unos días.

El buenismo es inacción, negación y sonrisas. Es crear problemas después de idear soluciones y es en ese sentido una extensión más, del populismo. Por eso, mientras los buenistas actúan a base de clicks en change.org pidiendo paz, los que el sábado, por ejemplo, en Callao, salimos a la calle a reclamar cambios estructurales en el proceso de integración en la UE, les seguiremos invitando a unirse y moverse porque no es la bondad sino la falta de aceptación, acción y contundencia lo que lastra a un buenista.

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