Relativismo asesino

Reacción ciudadana tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

El 31 de Octubre de 2007, el Congreso de los Diputados aprobó la conocida como Ley de la Memoria Histórica. Hoy, en pleno Abril de 2017, casi diez años después, vivimos en una España que bien necesitaría algún precepto contra la desmemoria histórica.

Porque, como se ha escenificado el día 8 de este mismo mes en la localidad francesa de Bayona, España, o por lo menos, gran parte de ella, se ha olvidado de ETA, de esa misma ETA que hace solamente siete años cometía su último asesinato, acabando con la vida del policía francés Jean-Serge Nérin. Sólo siete años. En ese efímero septenio, la misma parte de nuestra sociedad que te habla de Franco en el primer minuto de cualquier discusión política, pide que se deje de hablar de ETA, porque es “el pasado”.

Y no sólo se ha olvidado a los asesinos, al miedo, al dolor producido… sino que esa amnesia selectiva se utiliza, a su vez, para relativizar con el terror y justificar sus actos.

Que vivimos en un país profundamente endófobo, fruto del cainismo clásico y de creaciones de relatos de trinchera y recelo, creo que ya no hace falta explicarlo. Pero este aberrante sentimiento se sublima cada vez que hay muertos de por medio. Los haters de la civilización occidental aprovechan cada tiro en la nuca, cada bomba lapa, cada mochila explosiva o cada camión arrollador para disparar sus resortes de relativismo moral y, con los cuerpos aún calientes, soltar los ya desgraciadamente típicos “si, pero es que occidente/el estado/el cristianismo…”.

Y ese relativismo frente al terror no sólo sirve para crear una falsa equidistancia entre unos bandos que no son tal, sino que lleva en su interior el veneno de la justificación del terrorista. Los mismos que hoy en día aprovechan cada atentado islamista para poner sobre la mesa que “qué pena, pero es que occidente se lo ha buscado por meterse donde no le llaman”, son aquellos que hace diez, quince o veinte años, cada día que se interrumpían los dibujos animados o la tertulia mañanera de turno por un avance informativo que teñía de sangre de nuevo nuestras pantallas, salían con aquello de las víctimas de ambos lados y de lo malo que era el estado con los pobres asesinos vascos.

El relato equidistante y la diarrea moral del bienquedismo no están justificados, y todo intento de blanquear a una banda de asesinos, ya sea comprando su discurso del “conflicto” y los “bandos”, o llamando “artesanos de la paz” a gentuza como el Carnicero de Mondragón, que en el mismo acto recalcó que él no se arrepiente de ninguno de los 17 asesinatos que perpetró, es faltar al respeto a unas víctimas aún recientes.

No, no existe equidistancia entre las democracias “liberales” occidentales, con gobiernos elegidos por sus ciudadanos, y cobardes asesinos de tiro por la espalda o terroristas religiosos que quieren acabar con nuestra libertad.

Que el triste espectáculo de Bayona no fue nada más que eso, un espectáculo, se remarca con la presencia en el acto del anteriormente citado asesino, o de justificadores como el cupero David Fernández, más cercano del Carod Rovira que pidió a ETA no atentar en Cataluña (por su “enemigo común”: el estat espanyol), que de las víctimas de Hipercor. O por un mezquino Otegi pidiendo como condición que la Guardia Civil y la Policía, principales víctimas del terrorismo etarra y autores de la verdadera derrota de los pistoleros vascos, abandonen Euskadi.

En ese acto había muchos de aquellos que, cuando ETA mataba, colaboraban o silbaban de perfil, y pocos de los que entonces estaban en la diana. Los primeros están ahora en los ayuntamientos, los segundos, burlados en Twitter.

Hay una gran parte de la sociedad española que, al puro estilo de Huckleberry Finn, está pintando de blanco la valla terrorista. Hay una gran parte de la sociedad española que ha olvidado. Quien seguramente no lo haya hecho sean las familias de las más de 300 víctimas de ETA que todavía no han esclarecido los crímenes ni encausado a los culpables.

Foto: Fudación Miguel Ángel Blanco

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