Siempre los matan

Netflix estrenó el mes pasado la última película en la que Angelina Jolie toma las riendas tras la cámara. En First they killed my father: a daughter of Cambodia remembers (o Se lo llevaron: recuerdos de una niña de Camboya, como han titulado en España), se adaptan las memorias escritas por la superviviente al genocidio camboyano y activista por los derechos humanos, Loung Ung. Para Angelina el hacer esta película ha sido muy importante: su relación con Camboya es muy fuerte y uno de sus hijos adoptados procede de allí.

La película narra las vivencias de una niña de cinco años tras la revolución que acabó con la guerrilla comunista de los Jemeres Rojos tomando el control de Camboya. El régimen instaurado bajo el mando de Pol Pot, con una ideología maoísta extrema, causó uno de los mayores genocidios conocidos, acabando con dos millones de personas (un cuarto de la población local del momento) en tan solo cuatro años. Esta Ana Frank del comunismo camboyano tuvo más suerte que su homóloga alemana y sobrevivió al horror para contarlo al mundo.

Tras la guerra de Vietnam y los bombardeos no aprobados por la ONU de Estados Unidos sobre el norte de Camboya, la guerrilla de los Jemeres Rojos ganó mucha popularidad y, gracias al apoyo tanto económico como militar de China, consiguieron el control de todo el país, tomando Phnom Penh, la capital, el 17 de abril de 1975. Hasta entonces, como se puede ver en la película, Phnom Penh era una ciudad muy concurrida, con un nivel de vida que no se alejaba mucho de otras ciudades importantes en la época.

Desde el primer día que el Jemer Rojo entra en la capital del país y toma el poder, comienza la evacuación forzada: la búsqueda de una sociedad totalmente agraria y el miedo a que surgiera una contrarrevolución en los núcleos urbanos llevaron al régimen de Pol Pot a obligar a toda la población residente en ciudades a marcharse al campo. A su vez, el exaltado ejército de los jemeres comenzó la ejecución de todos los pertenecientes al gobierno militar previo (que había estado encabezado por el dictador Lon Nol).

El Jemer, dentro de su interpretación extrema del comunismo, quiso instaurar una sublimación del igualitarismo, trayendo con ello la renuncia forzosa a sus propiedades de todo ciudadano camboyano, la desaparición de la moneda y el mercado, y el control total por parte del ejército del día a día de la población local. Ese igualitarismo se aplicaba en su máximo exponente en los numerosos campos de concentración en los que se recluía a todo aquel “enemigo oculto” (en palabras de Pol Pot): familias enteras con el único delito de haber tenido algún contacto con la anterior administración o, simplemente, haber formado parte de la “burguesía”. En estos campos, todos debían llevar el mismo corte de pelo, teñir sus ropas del mismo color y, ya tuvieran 3 u 80 años, trabajar forzosamente en los campos de arroz.

Durante los cuatro años que duró el régimen, el partido comunista camboyano tomó el papel de una suerte de deidad, siendo parte central del adoctrinamiento de los niños (“el partido es vuestro padre y vuestra madre”), fuente de todo bien y misión última a la que todo camboyano debía dedicar su vida.

El terrible genocidio que llevaron a cabo las milicias comunistas no fue causado únicamente por las continuas torturas y ejecuciones de todo aquel que pudiera ser contrario al régimen (monjes budistas, miembros de la anterior administración, camboyanos de origen vietnamita… etc.), sino que, como ha sucedido en la práctica totalidad de los gobiernos comunistas, el intento de implantar una gestión centralizada de la producción causó el desabastecimiento, pese a instaurar una economía totalmente agraria las hambrunas era frecuentes y, cómo podemos ver en el film, se tenía que recurrir a comer bichos, serpientes y cualquier tipo de pájaro para poder sobrevivir.

Como decíamos al principio, un cuarto de la población de Camboya fue aniquilado bajo la garra del comunismo del Jemer Rojo. Otro capítulo más del libro negro de esta ideología, que allá donde se ha implantado ha dejado una sociedad destruida y una pila de cadáveres. Pese a ello, en pleno siglo XXI, Alberto Garzón da mítines, sonriente, bajo la bandera comunista y las mismas caras que presidían todos los campos de exterminio camboyanos.

Foto portada: Trailer de la película en Youtube
Foto cuerpo: Twitter de Alberto Garzón

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