Sociedad invisible, sociedad de nadie

  • “Quizá nuestros antepasados tuvieron que reprimir cualquier señal de espontaneidad e individualidad con el fin de civilizarse.”
  • “¡Más rápido! Vivir la vida al máximo se ha vuelto el objetivo central de nuestra era.”
  • “La cuestión ya no es poder, sino querer”

La sociedad en la que vivimos muestra un franco deterioro de la capacidad de convivencia entre los seres humanos y a su vez, con el medio en el que viven. Una sociedad en la que prevalece satisfacer aquello que nos permite alcanzar la felicidad personal, un concepto, interpretado a menudo de forma física y hedonista y, en consecuencia, muchas veces consumista.

Creemos que lo único por lo que vale la pena seguir adelante es para conseguir más y más riquezas materiales, mientras las tecnologías propician las condiciones ideales para un aislamiento silencioso del mundo real. Volverse invisible en medio del bullicio es el objetivo o, tal vez, convertirnos en solitarios conectados: con mucha información y poca comunicación.

La mentira, el miedo, la corrupción, la violencia, el robo, son la realidad cotidiana y han invadido todos los sectores: familiar, social, político, económico, cultural, religioso. Steven Pinker escribió hace siglos “Quizá nuestros antepasados tuvieron que reprimir cualquier señal de espontaneidad e individualidad con el fin de civilizarse, pero ahora que las normas de la no violencia están consolidadas, podemos ceder un poco ante inhibiciones concretas que acaso parezcan obsoletas”.

El lema de nuestros tiempos parece reducirse a un sencillo eslogan: “¡Más rápido! ¡Más rápido! ¡Más rápido!” Vivir la vida al máximo se ha vuelto el objetivo central de nuestra era y el apetito por cosas nuevas parece no satisfacerse nunca: “No importa cuán rápidos seamos, la proporción de experiencias que tenemos se reduce continuamente frente a aquellas que nos perdemos” argumenta el sociólogo alemán Hartmut Rosa.

La razón puede ser nuestro deseo de llevar a cabo tantas opciones como sea posible, de todas aquellas posibilidades que la vida nos presenta, sin tener en cuenta las consecuencias o lo que nos estamos perdiendo por el camino. Muchos simplemente ya no son capaces de entender el mundo en toda su complejidad y afrontan la realidad con una completa falta de empatía, dejando de lado valores tan importantes como pueden ser el amor; “amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad”, la humildad o la tolerancia.

Es fundamental saber darle la importancia que se merece a la preservación del mundo donde vivimos, ya que cada uno de nosotros somos responsables de su evolución. Una parte de un todo puede hacer cambiar una estructura en cualquier sentido, contaminándola y destruyéndola o produciendo una reacción catalizadora hacia el equilibrio y la transparencia. En ese caso, la cuestión ya no es poder, sino querer.

 


Bianca Munteanu (@b295). Estudiante de periodismo, escritora a tiempo parcial, apasionada de la lectura y de los temas de interés social.

Foto: Vinoth Chandar

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