Tu opinión

  • ¿Son todas las opiniones igual de válidas?

  • La economía y la política se han convertido en meras opiniones ante las cuales todas las perspectivas tienen la misma validez.

  • Se pueden respetar tus ideas siempre y cuando me respeten ellas a mí.

Gracias al bombardeo igualitarista que sufrimos a diario por todos medios de comunicación y redes sociales, así como el buenismo reinante en la sociedad actual, se ha empezado a considerar extremista e intransigente a cualquiera que defienda sus ideas por encima de otras, y se recurre con facilidad a la falacia de que “todas las opiniones son respetables e igual de válidas”.

Pero, ¿es esto verdad? ¿Todas las opiniones son igual de válidas? Sinceramente, creo que no. Igual que, ante un dolor fuerte de estómago, mi opinión aderezada con un par de lecturas de blogs de “remedios caseros”, no vale lo mismo que la opinión de un médico debidamente formado, o a la hora de hacer volar un avión, la opinión de un ingeniero aeronáutico vale mucho más que la del presidente del gobierno, a la hora de opinar sobre política y economía se deberían mantener los mismos principios.

Porque en la España de hoy, la política y la economía se encuentran en una tesitura en la que se las ha relegado de ser ciencias per se, y se han convertido en meras opiniones ante las cuales todas las perspectivas tienen la misma validez. Y si crees que no, eres un “radical”. Aquí todo el mundo es un “cuñado” si opina de algo que desconoce, menos si el tema concierne a nuestro gobierno o nuestros bolsillos, que ahí todo el mundo es cum laude.

Pero, al igual que leerte un par de blogs de homeopatía no te sitúa en la misma posición de opinión o decisión que aquel que ha estudiado toda la carrera de medicina, las opiniones económico-políticas de quienes generan su ideología a base de vídeos de un minuto de Spanish Revolution, de canciones de grupos “subversivos” o bromas de humoristas del marxismo cultural, no tienen el mismo valor que las de aquellos que han estudiado alguna de esas ciencias, han leído a teóricos de unas y otras ideologías, se mantienen al día de la actualidad en esos ámbitos… etc.

Sí, todos tenemos derecho (y obligación moral) a opinar, pero lo que no podemos pretender es que nuestro criterio, si lo hemos generado en nuestro sofá mientras veíamos MyHyV, sea igual de válido que el de los expertos en los temas que sean.

Además, también se pide respeto para todas las ideas, pero hay que saber diferenciar. Se pueden respetar tus ideas siempre y cuando me respeten ellas a mí. Pero si tus ideas consisten en asaltar mi libertad individual, en robarme la mitad del dinero que gano con mi trabajo para que cuatro burócratas decidan en qué gastarlo, en decidir por mí durante qué horas puedo abrir o no mi negocio, en marcar qué palabras puedo o no puedo decir dependiendo quién se sienta ofendido, en prohibir la entrada en ciertos sectores a algunas empresas y obligarnos a consumir de lo que impulsa el estado, en decidir por mi (como si no fuera adulto) qué puedo o no puedo consumir, en estar siempre alerta porque mis propiedades pueden ser sustraídas por el gobernante de turno, en impedir mi libertad de movimiento o la de los demás… lo siento pero no, esas ideas serán las tuyas, pero para nada se merecen ser respetadas, ya seas de Le Pen o de su primo-hermano Mélenchon.

Imagen: stokpic.com

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