Turquía out

El Presidente turco Recep Tayyip Erdogan sabe manejar esto de las elecciones. Bueno, él y la mayoría de medios de comunicación, ya que si no los ha cerrado es porque los controla. Poco queda fuera del alcance de la alargada sombra de Erdogan. Ayer, el referéndum de hecho iba sobre eso, sobre si la sombra del Presidente podía alargarse más y hacerse todavía más opaca. El resultado de ayer fue ajustado pero suficiente para terminar de confirmar, por si la empanada buenista impedía una completa digestión, que el rumbo de Turquía en los últimos años conducía a lo que hoy ya podemos definir como realidad. Dicho esto, hay aspectos que hay que conocer para entender el por qué del referéndum y lo que supone.

¿Qué se votaba en el referéndum de Turquía?

El pasado domingo se votó en referéndum aprobar o no la reforma de la constitución turca. Esta reforma incluye diferentes aspectos. El más importante es el del cambio de modelo, del parlamentario al presidencialista. Esto es: la eliminación de la figura del primer ministro y el fortalecimiento de la figura del presidente, que asume la mayoría de sus poderes. Además aumenta el máximo de legislaturas, por lo que Erdogan podría perpetuarse hasta 2029, incluso, si tira de letra pequeña hasta 2034. Putin marcando tendencia.

Pero hay mucho más en el paquete:

  • reducción del Consejo Supremo de los Jueces de 22 a 13, de los cuales nombra a 5;
  • posibilidad de disolver el parlamento;
  • puede legislar mediante decretos vinculantes;
  • puede formar parte de un partido politico;
  • puede nombrar ministros…

Y aún queda saber si se confirma la restauración de la pena de muerte. Se haga o no, la democracia ha sido la primera sentenciada.

¿Qué dice la comunidad internacional?

Pues decir, como siempre, mucho. Lo que se haga es otra cosa. Las declaraciones desde luego no han faltado, recordemos que aunque no forme parte de la Unión Europea, es un socio preferente desde el 63, con las CEE, y candidato a la adhesión desde 2005. El ya de por si lento y costoso avance en las negociaciones, con la mayoría de los capítulos estancados o directamente cerrados, choca de lleno con este retroceso democrático. Papel mojado será el triste intercambio de refugiados por la apertura del capítulo de inversiones y finanzas. Pero hay más. Turquía es miembro del Consejo de Europa, dónde la pena de muerte es algo que no está permitido. Y quedará por definir su papel en la OTAN.

Más allá de la organizaciones, diferentes líderes, principalmente europeos, se han pronunciado en contra de esta reforma, lamentando la deriva autocrática que tomó Erdogan hace ya varios años. La apuesta de Merkel, entre otros, por una relación más estrecha con Turquía, sobre todo a raíz del acuerdo de finales de 2015 sobre refugiados, va a sonrojar al lado más indulgente de la Unión Europea.

(*) Añado además unos datos curiosos sobre los votos del referéndum en países europeos: Alemania, 63,1% a favor; Francia, 64,8%; Holanda, 70,9%, Bélgica, 75%; Austria, 73,2%; Luxemburgo, 62,9%; Suecia, 47,1%. Y me pregunto… Si en todos estos países, los turcos deciden votar a favor ¿podemos decir que están integrados en nuestra sociedad?

¿Ha sido un proceso transparente?

Precisamente lo que no puede faltar en ninguno de estos procesos: las dudas sobre su veracidad. Si la sombra de Erdogan era alargada, la de la sospecha de manipulación sobre este proceso electoral no es medible. Nada más acabar el recuento, la oposición turca manifestaba que la manipulación electoral era evidente, y cifra su sospecha en 2’5 millones de votos que pedirá que sean recontados. Con un margen tan escaso las dudas pueden tener justificación. A las dudas de la oposición, se suman las de los observadores de la OSCE, que también hicieron hincapie en la falta de claridad del proceso. Las dudas las puedo entender, lo que tengo meridianamente claro es que a Erdogan no se le va a bajar del trono.

¿Es ésto nuevo?

Erdogan ya llevaba varios años detrás de la conversión del sistema parlamentario turco a un sistema presidencialista. El presidente turco es una maquina de ganar elecciones desde que fuese elegido alcalde de Estambul, a mediados de los 90. No ha conocido la derrota, ni él ni su partido, el AKP, que no es más que una estructura al servicio del líder. Tras varias legislaturas como primer ministro, Erdogan empezaba a soñar con su propia versión del “Make Turkey great again”. Y lo único que lo alejaba de una especie de sultán moderno era el occidentalizado modelo democrático con lo que había soñado Atatuk cien años atrás.

Por eso decidió presentarse en 2014 a las elecciones presidenciales, dónde ganó con un 51% de los votos. Las elecciones de un año más tarde, son la única mancha negra en el expediente electoral de Erdogan, ya que a pesar de ganar, la suma con los nacionalistas turcos era insuficiente para llevar adelante la reforma constitucional. Fácil solución. Maquinaria propagandística en marcha y apenas un año más tarde el golpe sobre la mesa del ya presidente turco fue contundente. 317 de 550 diputados. Aunque seguía siendo insuficiente para sacar adelante la reforma, sólo necesitaba trece escaños más para someter ésta a referéndum. De sobra, 339 votos a favor que bastaron para aprobar la reforma, a falta del referéndum.

Futuro

Incierto y oscuro. Lo primero que ha hecho Erdogan ha sido aumentar el estado de alerta en el que lleva Turquía desde el intento de golpe de Estado. Esto deja claro que el control seguirá siendo férreo, el presidente no quiere que se le vaya de las manos. Algunas de las reformas constitucionales entrarán en vigor próximamente, aunque las principales deberán esperar a las elecciones convocadas para noviembre de 2019. Es evidente también que el marco de las negociaciones entre la Unión Europea y Turquía debe cambiar. No puede haber tibieza frente a Ankara y su rechazo a cumplir los Criterios de Copenhague.

“La democracia es como un tranvía, cuando llega tu parada, te bajas” esto dijo en una entrevista Erdogan en 1996, antes de entrar a la política. Que nadie venga ahora con los madremias.

Foto: Jorge Franganillo

 

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