UE: Bailando entre tigres y dragones

La Unión Europea lleva años extendiendo su red comercial y financiera por todo el mundo. Su presencia y talante en el entramado internacional es más que evidente y se ha convertido en uno de los agentes más importantes a tener en consideración, especialmente en cuestiones de carácter económico. La Unión Europea cuenta con el mayor PIB nominal mundial si sumamos los datos de todos sus estados miembros, convirtiéndola así en un socio imprescindible en el mundo mercantil y financiero. Sin ir mucho más lejos, los periódicos hoy en día están pendientes de las negociaciones con Estados Unidos y el famoso TTIP, no obstante los funcionarios europeos tienen también otros frentes en mente: Asia, región donde la República de China (también conocida como Taiwán) juega un papel sólido en la economía europea a pesar de las diferencias políticas. ¿Por qué debe la UE trenzar más fuerte sus relaciones con la República de China?

La UE presenta unas relaciones sólidas con la isla Formosa. Taiwán es el cuarto socio comercial más grande en Asia de la UE y la UE es el cuarto mercado más grande para las empresas taiwanesas, por detrás de China, los EE.UU. y Japón. Entre sus negocios destacan los proyectos en producción de maquinaria, finanzas, tecnología, química o cultura. Tal es la situación de cooperación entre ambas regiones que en 2003 se estableció en Taipei la EETO (European Economic and Trade Office) para defender los intereses de la UE en territorio taiwanés y fomentar un mayor estrechamiento en las relaciones del país isleño y el viejo continente.

El volumen de intercambio en bienes y servicios junto con las inversiones que han sido llevadas a cabo en los países implicados han aumentado considerablemente en las últimas dos décadas. Sin embargo, la UE todavía tiene un reto por delante: corregir el déficit comercial que padecen sus relaciones económicas con la República de China, así como fomentar más sus productos en territorio Taiwanés (por ejemplo, las exportaciones a Taiwán en productos del sector de la agricultura no se corresponden con la posición de la UE como mayor exportador mundial de productos agrícolas).

La UE, aunque guiada por las políticas de la “One-China” (una única China), siempre ha apoyado la participación activa de Taiwán en foros multilaterales (gesto que mira con recelo su vecino continental, la República Popular de China). Esta actitud tan positiva por parte de la UE, a pesar de no presentar un reconocimiento formal del país taiwanés, ha irritado a más de algún miembro de la política china.

No obstante, China (RPC) y Taiwán han acercado posturas recientemente, especialmente tras los pasados comicios presidenciales de 2012 cuando el Presidente Ma Ying-jeou (favorable a una postura más cercana con China) salió reelecto. Los legisladores y funcionarios europeos ven esta situación ligeramente preocupante, dado que este giro puede mermar algunas intenciones de negocio de la UE con la República de China. ¿Por qué? Simplemente porque China podrá ejercer su poder diplomático en las relaciones comerciales taiwanesas, hecho que no alegra a Bruselas. Es tarea y momento de la UE de mover ficha antes que nadie.

¿Qué provecho obtendría la UE si se mejoraran los acuerdos comerciales y se intensificaran las relaciones con la República de China? 

La Unión Europea no es novata con los acuerdos comerciales en Asia. El famoso EU-South Korea Free Trade Agreement (FTA) fue un éxito rotundo, no solamente por su condición novedosa sino por su grado de eficiencia y los resultados obtenidos a corto plazo. Por tanto, no es de extrañar que haya un afán por extender relaciones a otros posibles socios asiáticos. Ya en 2012, la ECCT (European Chamber of Commerce of Taipei) llevó a cabo un ¹informe sobre las relaciones UE-Taiwán donde algunos de los aspectos mencionados a posteriori se encuentran reflejados.

Un nuevo acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y la República de China (Taiwán) acarrearía una serie de beneficios entre los cuales en primer lugar cabe destacar, dada su necesidad imperiosa, evitar el estancamiento de las relaciones económicas entre Europa y Taiwán. En segundo lugar, un acuerdo que fomente medidas liberales en favor de ambos mercados aumentaría progresivamente el flujo comercial tanto de bienes y servicios como de inversiones extranjeras, derivando en un mayor ritmo de crecimiento económico, así como fomentando la creación de empleo. Pero sobretodo, acabar con el déficit comercial que la UE experimente con su socio Taiwanés.

A su vez, es importante destacar el contencioso que viven la República Popular de China y la República de China: no sólo territorial, sino también de identidad. Esto nos permite abandonar los beneficios económicos para observar otros de carácter geopolítico. La República de China solo cuenta con el reconocimiento de un país europeo, el Vaticano. Esta situación lleva a permitirnos comprender otra utilidad de un posible acuerdo futuro: relajar posiciones políticas. Si bien es sabido, las relaciones económicas prósperas acercan posturas políticas, lo cual permitirá avanzar en la difusión de cultura, lenguas y/o otra serie de proyectos por parte de los países comunitarios y la isla asiática.

Por último lugar, siendo quizás el beneficio más importante, cabría destacar la repercusión que dicho acuerdo pueda tener sobre las relaciones de la UE para con la República Popular de China. Taiwán puede convertirse en el trampolín de la UE para conseguir acuerdos más ambiciosos con el vecino continental de Taiwán, si cabe, un socio comercial que la UE, en mi humilde opinión, jamás debe desmerecer ni apartar de su proyecto económico.


La Unión Europea se está abriendo cada vez más camino en el mercado asiático. Cada vez son más los que ven un giro hacia oriente en la tendencia financiera, económica y empresarial y Europa no quiere (ni debe) perderse en el camino. Taiwán es un agente muy atractivo y con mucho peso en las relaciones ya establecidas por la UE. Los acuerdos de libre comercio con Corea del Sur o Japón están comenzando a mermar las relaciones bilaterales de la UE con Taiwán. Si queremos que Europa siga siendo clave en el territorio no podemos olvidarnos de uno de los llamados “tigres” asiáticos, porque no hay nada de malo en colaborar con un tigre y un dragón a la vez, a Europa no le faltan recursos.

¹ ECCT, EU-Taiwán Trade Enhancement Measures - 20 Septiembre 2012

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