Una aprendiz de führer

El título reconozco que es duro, pero no es para menos. Y es que las consignas lanzadas durante estos cuatro días de congreso tory en Birmingham arrancarían la sonrisa cómplice de más de un líder del pasado siglo XX. Y no precisamente británico.  La decisión de que las empresas tengan un listado con nombres y apellidos de sus trabajadores extranjeros es de lo más fascistoide que ha salido de las islas en las últimas décadas. Y como ésta, otras tantas. En La Vanguardia lo han llamado, muy acertadamente, nacionalpopulismo. Nuestra también querida Le Pen, nótese la ironía, debe estar dando palmas con las orejas, ya tiene con quien quedar a tomar un té con pastas.

Lo hilarante de esta actuación de Theresa May y Amber Rudd es que ambas fueron fieles defensoras del Bremain. Vaya papelazo se marcan, o se marcaron, que ya uno no sabe con qué quedarse. Si los Monty Python quisieran, tienen aquí un par de diamantes que pulir. Queda claro que las barrabasadas en política están de moda. Y se demuestra además, que hasta la tontería se puede entrenar. Después de este all in a la búsqueda del lebensraum británico por parte de los tories, está por ver que va a hacer UKIP. Tendrá que esclarecerse aún si el noqueo que sufrió Woolfe fue por un compañero, o por las dosis de brexismo que salieron de la boca de la Primera Ministra. Esperpéntico. Política de altura. Pero a la altura del pómulo.

Volvamos a Birmingham. No sabemos si a Theresa May se le apareció un arcángel, pero ha elevado el brexismo a la categoría de culto. Con su simbología, sus fieles y por supuesto sus mandamientos. No contratarás a un extranjero si puedes contratar a un británico deberá ser casi una máxima para toda empresa que se precie. O en palabras de Amber Rudd: “No queremos inmigrantes que ocupen puestos de trabajo que pueden desempeñar británicos”. Y punto. Pero este tándem no se quedo solo en el mundo empresarial. La universidad, cuna del pensamiento crítico y por tanto foco de peligro para todo culto, ha sido otro de sus objetivos. “Se impondrán restricciones a los visados de estudiante y habrá cuotas de extranjeros en las universidades”. Nuestros políticos buscando la solución a la fuga de cerebros española y mira, en bandeja. La política británica va tan avanzada a la nuestra que hasta yendo hacia atrás nos sigue dando soluciones.

No solo la universidad británica, principal foco de estudios superiores de Europa, se verá afectada. Se pretende que en diez años todos los médicos sean británicos y hasta se van a endurecer las posibilidades de convertirse en taxista si eres extranjero. Parece que a May lo de ser una líder fuerte, se le ha ido de las manos. Debe ser que la política, como la moda, siempre vuelve. Welcome to the 18th Century. Pero con Whatsapp para comentar los líos de la corte, no nos vayan a quitar el salseo. Lo peor es que no acaba aquí la historia. Para May, esto supone una vuelta al centro del espectro político. A otro centro, al de aislamiento (también político), es a dónde deberían devolver estas ideas.

Al otro lado del tablero, la situación de Corbyn, a lomos de una maltrecha militancia laborista, no presagia tampoco nada bueno. Parece que no habrá oposición atractiva ante tanto, y tan viejo, proteccionismo. La gran perjudicada, la City. Uno de los principales centro de negocios y ciudad cosmopolita donde las haya, no sabe por donde le vienen dadas.

Como se suele decir, en toda crisis surgen nuevas oportunidades. Para España pueden surgir dos, si bien es cierto que son más soñadas que realistas a día de hoy. La primera, atraer de nuevo esos estudiantes e investigadores que no quieren en UK. Conseguir con ellos la conversión de Madrid en nuestra propia Sity, a la altura de otras capitales europeas. Y la segunda, la del retorno de ese Peñón del que nunca nos hemos desprendido del todo. La cosoberanía de Gibraltar es una posibilidad cada vez más tangible. Parece que ese Imperio Británico al que tanto quieren volver y que tanta nostalgia provoca, puede sufrir su primera derrota.

Remata la Primera Ministra con un “si crees que eres un ciudadano del mundo, en realidad eres un ciudadano de nowhere. Ay May, que parece que no te enteras. Cuento los días para decirte, tanta paz lleves, como paz dejas.

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Gráficas: Global Scan para BBC World

Foto: JEANDELATETE

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