Vaivén global

Marruecos nunca ha reconocido la soberanía española ni en Ceuta ni en Melilla, y ahí está, besándonos la frontera. Melilla, España, alberga la aduana comercial entre Marruecos y la Unión Europea más bulliciosa del norte de África; aduana que yace cerrada desde el pasado 1 de agosto, cuándo el gobierno marroquí decidió unilateralmente tomar esa medida. El (des)gobierno de Pedro Sánchez, parte pasiva y contemplativa de la movida fronteriza, ahora tiene que gestionar la reapertura y sus términos, y contentar a la plataforma de empresarios que se han visto afectados por el cierre – que, por si no fuera obvio, en su mayoría son melillenses, ergo españoles.

La semana pasada, el Gobierno marroquí justificaba el cierre de la aduana comercial (que, ¡oh, la vida! en el 59 exigió abrir) en fomentar el uso del puerto de Beni Enzar, ubicado a unos kilometrillos más allá de la sellada aduana. Pero todos en Melilla saben que eso es bullshit, ya que ese puerto lleva abierto casi medio siglo, ofreciendo reducciones arancelarias a modo de cebo, y ni por esas logra recibir la cuarta parte de contenedores mercantes que corretea por la aduana de Melilla.

El entrelineado no puede ser otro que un plato de humildad diplomática, cortesía del Gobierno de Marruecos, para que el Gobierno del PSOE se lo trague. Sánchez prefirió volar lejos con su (nuestro) Falcon, pasando el verano por América latina, antes que hacer una visita a nuestro vecino fronterizo, al que necesita, por ejemplo, para ofrecer soluciones al flujo migratorio que afecta a España y a la Unión. Obviamente, el Gobierno de Marruecos le ha hecho una peineta (como la catedral de Burgos de grande) a Sánchez, cerrando la aduana comercial de Melilla. Veremos qué decide hacer Arabia Saudí con el vaivén de Robles.

Foto: Stéphane M. Grueso

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