Viejoven

Reconozco que el término me hace gracia. A mis veintiocho años estoy en esa franja de edad en la que podría encajar con algunos de los síntomas que según los expertos en este tipo de chorradas han diagnosticado. Podría decir, además, que varios de mis amigos parecen hechos a la medida de este término. Hoy, sin embargo, voy a hablar de la aplicación de viejoven a otro ámbito: al ideológico.

He preguntado a Google sobre el origen de esta nueva palabra y la verdad es que me ha venido de perlas encontrar que, posiblemente, el primero en usar viejoven fuera el novelista barcelonés Miqui Otero, allá por 2010. Que sea catalán es idóneo, porque es ahí, en Cataluña, dónde quiero contextualizar esta nueva acepción de ‘viejoven’.

Los análisis de algunos de los eventos más importantes de los últimos dos o tres años, como el Brexit o la elección de Trump, muestran en mayor o menor medida una brecha generacional entre juniors y seniors. Siempre decantándose por la peor opción (en mi opinión), el sector más envejecido de la población. Los viejetes que veranean en Benidorm robaron a los más jóvenes su futuro europeo y decidieron poner al frente de la Casa Blanca a una persona que gobierna a golpe de tuit. Es posible que le votaran por estar más alejados de todo ese circo, precisamente.

Si volvemos la vista a España, demostramos otra vez que somos peculiares y que cualquier similitud sociológica con otro país de nuestro entorno es casi mera coincidencia. Y en Cataluña, donde está de moda romper con todo, más. Es por eso que uno de los últimos barómetros sobre el apoyo al independentismo publicado en El Español, refleja que éste último está bastante equilibrado en todos los rangos de edad con máximos en mayores de 65 años… y en los jóvenes. Curioso.

El primer rango de edad abarcaría de los 17 a los 30

Con esto vuelvo al principio del artículo: a lo del término viejoven y que éste se acuñase casualmente en Cataluña. Y es que – con permiso de Saber y Ganar y Jordi Hurtado – si hay algo viejo y rancio, es el nacionalismo. Si hay algo que se está quedando obsoleto es el antiguo concepto de Estado-nación. En un panorama internacional cada vez más líquido, con organismos internacionales, multinacionales, entidades supranacionales, ONGs, grupos terroristas etc. que no atienden a este encasillamiento territorial, pretender que un nuevo Estado propio sea la panacea, es de tener la vista más torcida que Junqueras.

Da igual si eres un joven de derechas o de izquierdas, de Barcelona o de la Girona profunda, una mayoría de ellos parecen haberle dado la espalda a la globalización y al aperturismo en pos de una República Independiente de Mikasa. Porque todos ellos, como los balones, se han vuelto duros de mollera. Da lástima que en pleno siglo XXI, cuando muchas estadísticas indican que los jóvenes de mi edad han pisado ya, de media, ocho o nueve países diferentes –  con lo que eso supone para tu forma de ver la vida -, algunos hayan optado por ir en búsqueda de ese lebensraum catalán: la supremacía, el odio a lo diferente por bandera y haciendo caso de hipotéticas tierras prometidas. Ahí es nada.

El futuro de Cataluña es negro, desde luego. No parece que las hornadas de jóvenes que salen de las escuelas y universidades tengan más criterio que lo que hay ahora. O sí. Los de Arran tienen bien claro que una independencia tiene que ir de la mano de unos Països Catalans que incluyan la Comunidad Valenciana y Baleares. Como el lebensraum dio paso al anchluss. Estos jóvenes de ideas caducas saben proteger su futuro playero. Que tiemblen en Alicante.

Como digo, a Cataluña le auguro un futuro oscuro. España tendrá que lidiar con una generación de Benjamin Buttons, de viejóvenes de piel tersa pero con un alma y una ideología de siglos pasados. No hay nada que encaje más con la demencia senil, impropia de estas edades, que criticar la valla de Melilla y querer poner una de camino a Castellón. Como digo, futuro rancio con aroma a Brummel y Varón Dandy. Marcas también catalanas, por cierto, una buena forma de empezar impulsando el consumo interno. Como el término viejoven, se barre para casa. Ya lo dijo Sofía Rondán aquí, el siglo XX está (aún) muy vivo.

Foto: amira_a

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