Visa no quiere ser Kodak

Antigua cámara Kodak Duaflex.
  • Kodak llegó a cotizar por encima de los 30 dólares. En 2012 su precio cayó por debajo de los 30 centavos.

  • No supieron subirse a tiempo a la ola de la fotografía digital y su posterior inclusión en la telefonía móvil, situándose en unas posiciones demasiado conservadoras

  • Visa no quiere ser Kodak, y para no quedarse atrás en la revolución del fintech, acaba de inaugurar un centro de innovación en Londres

Corrían los años 90 y además del Tamagochi, los discman y Miguel Induráin, una de las estrellas de la época estaba siendo Kodak. La empresa fundada en 1888 que revolucionó el entonces emergente mundo de la fotografía con la introducción de los carretes de papel (reemplazando a las existentes placas de cristal), había disfrutado de más de 100 años de bonanza, siendo un rival imbatible en el mercado y alcanzando cuotas casi monopolísticas de alrededor del 70%. Durante la época que nos vio nacer a los millenials, Kodak llegó a tener una capitalización del entorno de los 31.000 millones de dólares, con sus acciones cotizando por encima de los 30 dólares y la empresa entre las 10 más valiosas de los Estados Unidos.

Si nos situamos ahora en 2012, hace sólo cinco años, todos los Tamagochi habían ya muerto de hambre, nadie recordaba lo que era un discman mientras escuchaba We Are Young en Spotify y al bueno de Miguelón le hacían reportajes debido al 15 aniversario de su retirada. Kodak cotizaba, en ese momento, a 0,27 dólares por acción.

Teniendo en cuenta que en 2004 Kodak aún cotizaba en un valor cercano a los 30 dólares, ¿qué había sucedido para que, en escasos 8 años, su valor se dividiera por cien?

No supieron subirse a tiempo a la ola de la fotografía digital y su posterior inclusión en la telefonía móvil, situándose en unas posiciones demasiado conservadoras al principio del boom, y escudándose tras la especialización de lo que ya controlaban (impresión, acabado final… etc.) en lugar de apostar por la modernidad.

La realidad es que Kodak había diseñado ya una cámara digital en 1996, pero su escaso foco en el cliente les llevó a preferir exprimir su cuasi-monopolio en la fotografía convencional, aumentando su rentabilidad y sus márgenes, por recelo a los posibles beneficios del mundo digital. Canon, Nikon o Sony, profundamente infravalorados como competidores por Kodak, sí dieron ese salto, ya que tenían poco que perder, y se comieron totalmente a la tradicional firma de fotografía.

Si bien Kodak es el caso más conocido, estudiado en todas las escuelas de negocio, no es la única ocasión en la que un gigante tecnológico con casi un monopolio de mercado ha pasado a tener un lugar irrelevante en la industria por no saber seguir la estela de la innovación. O si no pregúntenselo a Nokia y sus menos de 5€ por acción, en comparación con sus casi 30 hace sólo diez años. Es la representación viva de la destrucción creativa que popularizó Schumpeter.

Los monopolios de mercado, es decir, aquellos que se consiguen simplemente dando un servicio mejor valorado que cualquier otro por el cliente (y no por trabas burocráticas a la competencia), y que se mantienen gracias a las economías de escala, son sumamente frágiles y requieren, para su estabilidad, de un análisis continuo del mercado y sus variaciones.

Esto, a base de ejemplos de tremendas caídas, ha calado en el mundo empresarial actual, visto en una vorágine de cambios y progreso. Visa, el gigante de medios de pago fundado en 1958 bajo el nombre de BankAmericard (debido a su pertenencia a Bank of America), le está viendo las orejas al lobo con la digitalización de los pagos y las múltiples maneras de realizarlos que actualmente existen, sin necesidad de utilizar tarjetas de crédito. Samsung Pay, Apple Pay o Bizum (la plataforma creada por la unión de varias entidades bancarias para hacer competencia a las fintech), están consiguiendo que llevar una tarjeta de crédito en el bolsillo sea totalmente innecesario.

Visa no quiere ser Kodak, y para no quedarse atrás en la revolución del fintech y acabar siendo una tecnología obsoleta, acaba de inaugurar un centro de innovación en Londres que cuenta con más de 1.000 metros cuadrados, con el objetivo de ser “un foco para el sector fintech en Europa”, según apuntaba Carmen Alonso, la directora general de Visa en España.

De momento ya tienen casi apuntalado su servicio Visa Token, que permitirá realizar pagos en comercios e internet de una manera más segura a través de un identificador digital. Su siguiente objetivo es incluirse en el internet de las cosas, es decir, poder realizar pagos a través de nuestros coches, neveras… etc.

No, Visa no quiere ser Kodak, y ya se ha puesto manos a la obra para evitarlo.

Foto texto: iphonedigital

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