Yo no maté a Aylan

Hace un par de días que se cumplían dos años de la trágica imagen de Aylan muerto en una orilla y parece algo obvio que yo no soy culpable, pero tenía que decirlo. Si digo además que en todo esto de la crisis de refugiados existe un mensaje antiamericano por ser responsable último de la situación en origen y un mensaje antieuropeo por la falta de soluciones en destino, no estoy tampoco descubriendo nada. Pero es que en esta época satura un poco la bilis antioccidental que nos pone en el punto de mira por ser culpables de absolutamente todo lo malo en el mundo, desde el yihadismo a los guisantes en la paella. Antes de la existencia de EEUU como tal, no había guerras en Oriente Medio, es más, antes de 1492 América Latina era una tierra de paz. Debe ser que la época mercantilista posterior a Colón solo trajo males. A cambio de la patata y el cacao enseñamos a los indígenas que matar a iguales estaba bien, pero que matar a diferentes estaba todavía mejor. Y de los sacrificios humanos y las matanzas que existían allí antes pues pasamos por encima. Vamos que lo del yin y el yang es una adaptación marketiniana de “América y el yang”Nótese la ironía.

Esta corriente antioccidental cuyos mayores exponentes viven ahora en Twitter, como digo no es nueva, solo que Aylan se convirtió en el estandarte perfecto para esta batalla ideológica. Son días en los que no dejan de repetirnos las cifras de muertos en el Mediterráneo, aunque sea inventándosela, la cantidad de refugiados que aún no se han reubicado y un largo etcetera de cifras que escupen casi de manera metódica.

Que lo hagan organizaciones como Save the Children es lógico, es su labor y tienen que concienciar enfatizando la parte mala de la situación. La labor del resto no es más que la de cacarear muchas veces sin sentido contra un enemigo creado que no es otro que nosotros mismos. Somos expertos en identificar al malo de la película sin haberle echado un vistazo al guión. Y así estamos, obviando que la Operación Sophia, que ahora lidera España, ha rescatado a más de 36000 personas de manera directa, y ha participado además en el rescate de otras 50000 de manera indirecta. Para aquellos que se saltan las clases de mates: en estos dos años se han rescatado diez veces más personas de las que han muerto. Y eso que ni siquiera es la labor de la misión. Como diría Rajoy: “Oiga, y estas personas que hemos rescatado, ¿ha sido sin darnos cuenta?”. Quiero pensar que no hablar de estas cifras es por ignorancia, aunque la experiencia en esta red social me dice que es porque no encaja en su discurso ideológico. ¿Quién en su sano juicio va a hablar de datos que le lleven la contraria?

Hay que resaltar además que esta actitud antiwestern viene de aquí, no viene ni de la propaganda del Daesh, ni de Boko Haram, ni de sus víctimas. En Nigeria y en Oriente Medio saben perfectamente quiénes son los que les están matando, aunque no pongan un hashtag. De ellos huyen, y de ellos huyen hacia aquí. Que para pesar de muchos, los malos existían mucho antes que Estados Unidos y que el capitalismo. Que antes ya se mataba y mucho más que ahora. Que en la historia ha habido muchos Aylan aunque no llevaran vaqueros y que ahora gracias a Occidente en muchos casos, hay menos. Siempre se puede invertir más, pero oye, también hay que darle la paga a todos estos que viven tecleando. Maldito capitalismo.

Lo que sí me queda claro es que la labor sociológica de entender por qué la trilogía de Grey tuvo tanto éxito tiene su respuesta en Twitter: nos pone atizarnos a nosotros mismos.

 

Foto: RJ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.